La Proyección Del Espíritu.

“La verdadera técnica del cuerpo, el Waza de esta escuela de yawara, debe ser la sustancia del espíritu. La sustancia  del espíritu. No hay que mirar el cuerpo del adversario, sino dirigir nuestro propio espíritu.

No hay enemigo.

 

El espíritu es sin forma, pero algunas veces puede tener una:

 esto es idéntico en zazen.

 

Algunas veces se puede atrapar nuestro espíritu, otras veces esto es imposible. Cuando la actividad del espíritu llena el cosmos, que es el espacio comprendido entre el cielo y la tierra, y cuando sabemos atrapar la oportunidad que se presenta, entonces podemos disponer

de todos los acontecimientos cambiantes, evitar todos

 los accidentes y atacar las diez mil cosas en una sola.”

 

KYU SHIN RYU,

el secreto del yawara,

texto tradicional de la escuela yawara

 

Con este texto de muy difícil comprensión inicio esta segunda conferencia, no pretendo explicarlo, solo pretendo que los que ya han dedicado unos cuantos años de sus vidas al Budo vislumbren su esencia y aquellos que recién comienzan, pues lo copien y lo guarden y después de algún tiempo de practica sincera lo abran y lo vuelvan a leer hasta encontrar su verdadero significado.

 

Por ahora me propongo tratar de trasmitirles una enseñanza difícil de entender con palabras pues se trata de algo sutil, tan sutil como nuestro propio espíritu. Lo que hoy quiero comentarles es la manera de poder trascender la simple Waza[1] , el mero ejecutar mecánico de una técnica física, y demostrar con la proyección de nuestro espíritu, el Espíritu de las Artes Marciales.

 

Cuando vemos una imagen o un video de O sensei Morihei Ueshiba, nos sentimos como impactados por una fuerza inexplicable, algo rodea a este maestro como si fuese un viejo Dios, al igual sucede al observar al Sensei Gogen Yamaguchi cuando realiza un Kata, sentimos su respiración en nosotros mismos, esa misma fuerza nos atrae y nos maravilla cuando leemos una obra escrita en 1643, por un samurai llamado Minamoto Musashi. Estemos donde estemos, y pueden haber pasado inclusive 100 años, y a pesar de no conocerlos incluso personalmente, llegamos a sentir su presencia, puede parecer que están a nuestro lado y que aun nos enseñan. Ellos aun dirigen su espíritu hacia nosotros.

 

La ciencia de las artes marciales esta fundamentada en el arte de la guerra, el estudio de la guerra es de suma importancia pues se trata de quien pierde, o quien gana, o quien muere, o quien vive. Hoy en día las artes marciales aun guardan ese perfume antiguo y sin dudas sabemos que en una situación de peligro podemos valernos de lo que hemos aprendido en los Dojos y salvar nuestra vida o la de un ser querido. Conociendo estos orígenes, podemos inferir la seriedad con que debemos tratar nuestro entrenamiento.

 

Indudablemente los grandes maestros  conocían esto y  sus entrenamientos eran más que serios, eran sagrados.  Desde la  simple reverencia a la entrada del dojo, hasta la defensa más peligrosa por debajo del filo de la espada, la efectuaban con un máximo de intensidad y un profundo sentimiento de respeto.

 

La clave, la raíz, y  la esencia de lo que quiero hacerles llegar es que todo lo que hagan en sus practicas deben de efectuarlo con una profunda devoción, con un intenso amor y un respeto sincero a su escuela. Cada posición, cada gesto, cada mirada se debe hacer con un gran compromiso por nuestro arte marcial, es la manera de expresar nuestro interior y llevarlo al exterior.

 

Después debemos procurar llevar ese sentimiento a toda nuestra vida, el verdadero artista marcial, el verdadero ShinKaidoka no es aquel que solo acude al Dojo y actúa a comportarse como un Budoka dos o tres horas en el Dojo, sino aquel que vive una vida procurando ser un digno Budoka, un verdadero Shinkaidoka en cada aliento de su existencia tanto dentro como fuera del Dojo.

 

Solo así se forja y se proyecta el espíritu del artista marcial el cual será igual en la vida normal, como en la práctica, como en la guerra. Inmutable, centrado, sin un centímetro de desequilibrio, nada rompe su Paz.

 

En alerta, esa mente no es llevada por los instintos, ese cuerpo no es empujado por los impulsos. El secreto de los maestros esta en construir un espíritu fuerte, un espíritu marcial, por eso su cuerpo puede parecer débil por el paso arrollador de los años, pero se percibe una fortaleza por dentro que los hace ver inmensurablemente grandes

 

Amigos, el camino solo les exige estudio y disciplina, la practica día y noche, es recompensada, con la habilidad adquirida, toma esa habilidad y perfecciónala, y entonces serás libre, romperás el molde, y tendrás poderes insospechados, y es entonces como mediante la ciencia de las artes marciales el hombre alcanza su unión con lo eterno, y penetra de esta forma en las leyes que permiten que nuestro espíritu proyecte esa fuerza que convierte a los neófitos en fieles seguidores de las Artes Marciales.

[1] Tecnica.

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